
He vivido en ocho casas distintas, siete mudanzas; si tengo en cuenta las medio okupadas son dos más, es decir, diez casas pero siete mudanzas. Todas ellas alejadas de las zonas de actividad, de mi actividad, implicando traslados a diario, bolsas grandes, mochilas y bolsas de deporte. Con libros, uniformes, comida y calcetines. Calcetines de recambio. Odiosos días de lluvia en los que usas los calcetines de repuesto. Nunca son suficientes. Llano, zapatos planos. Calentadores. Clases de baile, claque, teatro, guitarra. Guitarras, tengo dos, van y vienen por mi vida, no las llevo y traigo, permanentes, estables. Ellas en si, no en su uso, impredecible, inconstante. Constante, sueño, sueño despierta. Entre bolsa y traslado sueño, me disperso, me pierdo, me evado, evaporo. Mirada baja, fija, retenida entre baldosa y baldosa de cualquier estación. Estación, de tren, autobús, odio el autobús, de metro, estación de aviones, aeropuerto, avión, vuelo, y otra vez nado entre aire, sueños y países.
Barcelona.